Temazcal

Al igual que en el “corral” de la danza Del sol y de la Luna, el Temazcal está basado en la rueda medicinal, las cuatro direcciones – aire, agua, tierra, fuego – y nuestros cuerpos: emocional, físico y espiritual. Tiene la forma de un iglú, un caparazón hecho de ramas que se cubre con frazadas junto con un altar que se pone afuera: representan a la tortuga, a la madre tierra. Cuando entramos en el caparazón de la tortuga estamos entrando al vientre de la madre tierra.

Afuera se calientan piedras en un fuego, el fuego es representante del padre sol y la energía masculina que infunde a la materia primordial con su vitalidad al calentarse las piedras, cuando se las trae dentro es como el momento de la concepción y cuando se pone agua sobre las piedras y se cierra la puerta, es ya, la gestación donde se conjugan tierra, agua, aire y fuego para dar vida. La idea aquí es que entramos al Temezcal para recrearnos nuevamente; no a nuestra imagen y semejanza, sino a la de la naturaleza primordial de nuestra mente, o sea, a lo que surge de la vacuidad o sea el fluir de la vida de acuerdo a su propia perfección.

Se abre la puerta cuatro veces y cada vez se traen más piedras y cada vez que se cierra la puerta se viaja a través de la rueda medicinal para tratar el cuerpo mental, el emocional, el físico y el espiritual y se hacen plegarias o rezos, se suda y, sobre todo, se permite que ese calor, que ya no es, lo mismo que, un sauna normal, porque dirigido energéticamente y con éste propósito, el calor que viene es del padre-madre-espíritu-creador que viene hacia nosotros con una intencionalidad sagrada que es la de, justamente, ayudarnos a romper con nuestras limitaciones autoimpuestas y de esta manera poder completarnos con esta vida que fluye.