Don Hector Aguanari

Don Hector and Miguel Kavlin

Por Miguel A. Kavlin

Don Hector Aguanari nació en un pueblo pequeño en Punchana, a la orilla del río Amazona cerca a la ciudad de Iquitos, Peru. Cuando crecía, observaba a su padre, un curandero y Ayahuasquero famoso, Don Manuel Aguanari (mencionado en el libro ´Vegetalismo´ de Luis Eduardo Luna) realizando varias curaciones y ceremonias de Ayahuasca.

Una experienica de las que le ha impresado más, era la vez que a su padre le trajeron una mujer con una panza hinchada y con mucho dolor. Diagnosticándola con Ayahuasca, Don Manuel veía que ella estaba dañada por otro Ayahuasquero que había utilizado un tipo duro de hechicería: le había embarazado por una anaconda! (Eso no es una occurencia muy inusual. Pablo Amaringo hace testimonios de estos fenómenos en sus pinturas, publicadas en el libro de él y Luis Eduardo Luna sobre la iconografía de Ayahuasca, con el nombre de ´Ayahuasca Visions´. También he escuchado testimonios de varios curanderos que dicen que han estado confrontado con fenómenos similares).

Por tomar acciones, Don Manuel empezó a preparar una medicina del árbol Katawa muy fuerte y muy reconocido (y entonces, en potencia muy curativo o muy dañino). Cuando la mujer tomó la medicina, sintió contorciones muy dolorosas en su estómago, como si la anaconda dentro de ella estaría en gran dolor. Al final, cuando todos estaban durmiendo, la anaconda salío de la mujer, dejando solamente una huella de phlegm y sangre en su camino.

Todas estas experiencies tenían sin duda una influencia fuerte al hijo Hector de Don Manuel. Sin embargo, Hector no buscó ser un chaman ni Ayahuasquero hasta mucho más tarde en su vida. Prefirió responder a las exigencias de crear y sostener una familia en Iquitos.

Hasta casi cumplidos sus cuarenta años, recién aprendió el camino de la Ayahuasca. ¨Por necesidad´, comenta él. Él y su esposa tenían serios problemas juntos, y ya no podían tener la misma opinión sobre nada. Visitaron a un Ayahuasquero que les dijó que gente celosa les habían embrujado, deseándoles una separación. Ambos veían en sus visiones de Ayahuasca que era la verdad, pero ambos se resistían a creerlo.
Recién cuando su esposa le dejó para ir a Pucallpa, Don Hector se acercó seriamente a su curandero Ayahuasquero que le apoyó a limpiar a él y su esposa de la hechicería. Además, le apoyó a llamar al alma de la esposa de Don Hector. Dos meses después, la esposa de Don Hector había vuelto voluntariamente a Iquitos, sin haber estado en comunicación, para volver con Don Hector. Sin embargo, el curandero le contó que Don Hector no iba a encontrar paz hasta que hubiera aprendido el camino de la medicina. Por eso, Don Hector empezó a aprender el camino duro de convertirse en un curandero Ayahuasquero.

Él era el último de cinco que formó un grupo de aprendices de su maestro. Después de muchas dietas fuertes y pruebas, parecía claro que solamente él de los cinco pudiera captar suficiete fuerza para convertirse en un chamán Ayahuasquera de verdad. Había muchas dificultades en el camino del aprendizaje, pero una especificamente se acuerda bien: estaba en el punto de graduarse cuando tenía la visión en una ceremonia en la cual veía que todo el mundo terminó. Eso le daba tanto horror y tanta tristeza, que lloró mucho y se prometió no tomar la planta nunca más. Sin embargo, superó la prueba y logró la victoria, y después para siempre ha sido un chamán Ayahuasquero con mucha clientela y muchas curaciones realizadas.
Realiza sus ceremonias con caridad y fuerza. Sus cantos son poderosos y bellos. Su estilo ritual es bastante tradicional, utilizando en general el conjunto de hojas llamado ´Shacapa´ como instrumentos, y canta en una combinación de quechua, idiomas nativos y español. Combina iconografía tradicional de la selva con iconografía cristiana en sus cantos, lo que es bastante común entre los practicantes en la selva peruana.

Sus cantos de curación vienen sobre todo de su maestro, sin embargo, sorprendentemente su padre que ya falleció hace mucho tiempo, viene a ayudarle en sus ceremonias, y todos los cantos de su padre han vuelto a Don Hector.
Don Hector está en sus sesentas actualmente, y está fuerte. Ha tenido 21 estudiantes, tanto hombres como mujeres. Su principal aprendiz es su ahijado Fernando, y juntos cantan muy bien en ceremonias. “Es bueno tener aprendices que aprenden bien”, dice Don Hector, “porque cuando uno se encuentra en problemas, sus estudiantes le podrían ayudar”.