Profecia del Condor y del Aguila




Profecía del Condor y del Águila

sacha runa

La profecía del Condor y del Águila, la primera Estupa Andina y la Fuente Suprema
Por Miguel Kavlin

Soy un estudiante y practicante del Ritual Nativo Americano de la variedad Andina, Amazónica y Nativo Norteamericano por los últimos 20 años. Sin embargo, siempre he sentido una conexión con las enseñanzas budistas Tibetanas. En 1985, fui a Nepal y viajé a pie durante 2 meses, esperando encontrar un maestros espiritual. Lo que encontré al final de mi viaje era un libro precioso en una librería en Katmandu: ´El cristál y el camino de la Luz´, por Namkhai Norbu Rimpoche. La perspectiva y sabiduría que encontré leyendo este libro me movió profundamente y me ayudó durante muchos años. Recién 15 años después, durante un retiro de tres meses en la Amazonía Peruana, volví a leer el libro y tomé la decisión de buscar a Namkhai Norbu Rimpoche. Tenía suerte de que él iba a ir a Argentina, al lado de mi Bolivia, entonces fui a visitarle por primera vez.

Sin duda él es mi maestro en la tradición Tibetana Dzogchen, sentí una conexión fuerte con él y las enseñanzas de Dzogchen. Desde aquel día he viajado a varios lugares en el mundo para recibir más enseñanzas de él, y he integrado las prácticas de Dzogchen como práctica diaria.

Especialmente me gustó que Rimpoche emfatizaba que no se necesita cambiar la religión o tu nombre para ser un verdadero Dzogchempa. También nos indica que deberíamos integrar la diversidad de nuestras experiencias en nuestro estado de la Presencia Instante.

Cuando empezé mi camino de Dzogchen, no sabía cómo se iba a integrar con mis prácticas chamánicas, y si les debería dejar en algún momento. Nueve años después he visto que se han profundizado mis experiencias con las enseñanzas de Dzogchen. Además, mi conexión con Namkhai Norbu Rimpoche está más fina y mi devoción ha crecido. Hasta ahora he podido integrar el Dzogchen y el chamanismo muy bien.

La primera Estupa Andina se manifestó en una visión que tenía durante una ceremonia Andina, en la cual apareció un Lama Tibetano que me indicó que debería construir una Estupa en mi terreno en los Andes de Bolivia. Consulté a Namkhai Norbu Rimpoche y le pedí permiso. Me costó tres años para empezar porque no tenía conocimiento de construir una estupa. Durante un viaje a los EEUU, y durante una ceremonia amazónica allá, recibí la instrucción de que uno de los participantes de la ceremonia era la persona para ayudarme a empezar el proyecto.

En la mitad de la primera fase de la construcción, entré a una crisis profunda en la cual cuestionaba todo en mi vida, y hasta que en algún momento perdí las ganas de vivir. Era en la peor parte de la crisis cuando decidí realizar una ceremonia andina en nuestra Cámara Sagrada en los Andes. En la ceremonia estaba observando una pintura que mi maestro norteamericano Beautiful Painted Arrow regaló a nuestra Cámara. Es una pintura en la cual el Cóndor y el Águila se juntan.

Siempre me había preguntado si todas estas charlas sobre la profecía del Cóndor y el Águila solamente eran marketing y el invento de alguien. Sin embargo, en esta ceremonia quería descubrirlo. Decidí tomar una pluma de un cóndor en una mano y la pluma de un águila en la otra, e intenté integrarlas en mi conciencia. Mi conciencia tomó un pasó de algún tipo, entré a otro estado y me acuerdo que dije en alta voz: “Ahora el Cóndor y el Águila se han juntado”.

Unos momentos después, una cosa hermosa pasó, una Presencia Sublime se manifestó en la Cámara, no en una forma pero como una presencia magnifica, noble, benévola y poderosa. Soy judío, y en este momento no podía hacer otra cosa que echarme al suelo, porque sentí que estuve en la presencia de lo Divino, y que esta presencia era una bendición grande para todos los que estaban presentes. Nunca había experimentado las montañas andinas, las estrellas, la tierras con todas sus energías alineadas de tal manera de gracia.

Sin embargo, mis problemas no se habían terminado del todo, y volví a caer en patrones negativos y desesperanza. Sin embargo, lenta pero segura, esta presencia empezó a manifestarse cada vez más a menudo en una variedad de contextos diferentes, y ahora es parte de mis meditaciones diarias. Esta presencia también ha tocado a varios de mis compañeros que me acompañan en las ceremonias.

Parece que el mensaje es que está el Messias aquí, que la Nueve Tierra y el Nuevo Cielo están aquí y ahora. El Messias no necesariamente es una persona pero es la Presencia Divina que es accesible para todos los que quieren conectarse, servir y llevar compasión y paz a sus vidas.

Más tarde, hablando en un Encuentro de ancianos líderes espirituales indígenas en Canadá, varios de los ancienos de Guatemala, México y otros lugares, estaban contando lo mismo. Que el 2010 no es el final del mundo, pero si el tiempo de un Nuevo Sol y que ya hemos entrado en estos tiempos.

Para mi la Estupa era la culminación de un proceso de integración de muchos aspectos de mi mismo y de mi camino, aunque también siento que estaba inspirado por lo Divino y que tenía una lógica en si misma.

Pusimos en el polo céntrico de la Estupa una estrella de seis puntas, un elemento común en la tradición judia y en las enseñanzas Dzogchen. En cada punta de la estrella, pusimos una piedra de las seis montañas andinas más sagradas, coleccionadas en un peregrinaje sagrado a cada una de ellas. En el centro pusimos una piedra de Tiwanaku, el lugar ceremonial más antiguo de las Americas.

Eso, me daba cuenta, era la ofrenda de Mandala que habíamos estado preparando durante muchos años. Al lado de una copa de Namkhai Norbu Rimpoche en el suelo del polo, pusimos la pluma de una Águila y de un Cóndor, con una pluma de un pavo, simbolizando la integración de estos tres lineajes.

Cuando Randrig Rimpoche consagraba la Estupa, habían tres señales de que la consagración era exitosa, que realmente la estupa se había convertido en un lugar sagrado y bendito, importante para nosotros y las generaciones futuras, para los humanos y todos los seres.

Quiero agradecer profundamente a todos los involucrados que han contribuido en grandes y pequeñas maneras para realizar la estupa, rezo por bendiciones y que las enseñanzas estén fortalecidas y preservadas. Mi agradecimiento más profundo es para Carman Castañeda, mi esposa y mis hijos que me soportan, y a mis maestros en cada uno de mis caminos.

Miguel Kavlin.